Café con….
LINA VILA.
Ella prefiere pedirse un mojito, mientras un cigarrillo, (un “vogue”) descansa entre sus labios a la espera de ser encendido de un momento a otro. Tras una cotidiana persecución en su bolso (como la mejor de las “mary popins”), asoma apresado por su mano izquierda, el mechero y sin darnos cuenta, el humo del tabaco, crea la atmosfera perfecta que dará paso a nuestra conversación.
Lina invita siempre a charlar. Esta rubia de ojos azules como el cielo más despejado, se para a escucharte, a mirarte, y no ves signo alguno que le delate, ni indicio sobre su gesto que le descubra mientras te atiende, porque su hambre de conocer y su espíritu de saber, le convierten todos los días en la fiel espectadora que abonada a la vida, tiene numerada su butaca y puede acudir a tu cita.
Te pinta cuando te escucha y con el rosado barniz de sus acuarelas te ofrece una entrega por capítulos de todas sus impresiones.
Ha nacido con un “don”. Del océano de su mirada, se proyecta al groso de su sistema nervioso, un sensor de incalculable valor, éste, se hace efectivo a través de sus manos. Lina es un pincel tímido y seguro, que retrata con precisión y conocimiento su obra.
Dibuja siempre en su color, (color de Lina Vila), y muerde, muerde de nervio, sus dedos, su carrillo y su propia boca para contener como quien guarda en un cajón lo que no piensa olvidar, lo que le bombea el corazón poniendo lluvia en sus mejillas o risa de algodón de feria.
Una niña con su vestidito de domingo y “converse” de pisa la calle y no dejes de andar. Una furgoneta de cuadros promesa y carretera y manta, un helado de regaliz, una de las tres “haditas” y un desayuno francés.
Lina se ríe con todas las ganas y se le enciende todo el sol que la bautiza, aprovecha los segundos de una alegría y la parte por la mitad para compartirla contigo. En su perfume lleva el mar de sus años de estudiante, como una agradable brisa de buena compañía, tiene todos los museos en el disco duro de su memoria y si hay que visitar Madrid… pintura, bus urbano y Lina Vila.
Nos vamos a otro café a seguir charlando…esta vez creo adivinar que se pedirá un quemadillo, pero como dice el refrán, “no hay dos sin tres”.
Quede abierta la invitación al que se anime y guste de acompañarnos…, y es que con Lina, siempre es un placer, así da gusto.



